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Una mañana de marzo

Autor: Joaquín M. Barrero
Editorial: EDICIONES B
Páginas: 528

Joaquín M. Barrero fue emigrante en Venezuela antes de sentirse captado por el mundo del comercio internacional, lo que le llevó a viajar por gran parte de Europa, América del Norte, África, Oriente Medio y toda Iberoamérica, impregnándose del horizonte cultural que ve en esos periplos.

Desde temprana edad cultivó todo tipo de lecturas con incidencia en la literatura de viajes, el thriller, la historia, en especial el estudio de la de España. De su voracidad por el conocimiento representa una prueba su biblioteca de más de seis mil títulos.

El tiempo escondido fue su primera novela publicada, para cuya finalización necesitó cuatro años, su segunda novela fue La niebla herida y ahora presenta su tercera y última libro: Una mañana de marzo.

El despacho del detective Corazón Rodríguez es asaltado con violencia. Todos sus archivos desaparecen, pero gracias a las copias de seguridad establece que hay tres casos que pueden haber motivado el atraco: la desaparición en 1956 de un coronel del ejército del Estado Mayor; la búsqueda de una mujer que mantuvo una intensa relación con un brigadista inglés al comienzo de la Guerra Civil, y el rapto de una joven alemana por una red de prostitución.

2 COMENTARIOS en “Una mañana de marzo”

  1. #1 Sakura
    28 de agosto, 2009 a 22:01 pm

    No me gustó nada el libro.

  2. #2 Granate
    19 de julio, 2011 a 17:55 pm

    El autor es un farsante. Tanto “Una mañana de marzo” como su primer libro (El tiempo escondido) son dos buenas ideas malogradas por la soberbia del autor que parece no saber que cuando se entretejen las acciones de su creación con la realidad histórica corresponde documentarse y asesorarse.
    Situar por ejemplo en el año 1946 la película ARGENTINA La edad del amor estrenada en 1954 o una canción escrita en 1947. Remedar el habla de los argentinos como lo hace en su primer libro denota un desconocimiento del lugar y las gentes. Dice que se documentó sobre la prostitución yendo a bares de alterne. ¿Solo eso? Y su imágen idílica de La Rusia Bolchevique tampoco es creible.
    Si lo que conozco está errado, por qué creerle todo lo demás?

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